Ayuntamiento de San Sebastián

El 2024 será recordado para siempre por nuestro viaje al País Vasco, una tierra diferente, con mucha historia y gastronómicamente perfecta (el pintxo fue el gran descubrimiento del viaje), al menos para nosotros.

Contábamos con tan solo cuatro noches y cinco días para hacer una pequeña ruta por las zonas Vascongadas, por lo que optamos por ser prácticos y nos propusimos ir a los sitios más característicos (fue una pena no poder ver otras zonas, pero no contábamos con todo el tiempo que hubiésemos querido en un primer momento).

El primer día llegamos a Bilbao muy temprano, sobre las 10,00 de la mañana ya estábamos en tierras vascas. Fuimos directos a por las maletas y luego a una zona donde nos esperaba una furgoneta que nos iba a llevar a un polígono, concretamente a Derio, un pequeño municipio situado a pocos kilómetros del Aeropuerto de Bilbao, en la comarca de Greater Bilbao.

Este pueblo es mayormente residencial y tranquilo, pero tiene una rica historia medieval, con lazos estrechos a la expansión urbana de Bilbao y al comercio en la ría. Es aquí precisamente donde se encuentra Goldcarempresa de alquiler de coches en la que confiamos en esta ocasión. Coche nuevo, casi a estrenar, y cero problemas, tanto en la ida como en la vuelta.

En referencia al hotel, este lo habíamos reservado en Irún, ciudad fronteriza entre Francia y España y que nos venía de perlas para hacer turismo por el país galo, San Sebastián y alrededores. Sobre esta ciudad destacar que históricamente hablando fue un punto estratégico en guerras y comercio en el pasado. Además, fue escenario importante durante la Guerra Civil españolaconcretamente en la batalla de Irún (1936).

¿Por qué habíamos reservado en Irún y no en otro lado? La realidad es porque, además de ser una ciudad céntrica entre las zonas antes mencionadas, era mucho más barata que Bilbao o San Sebastián, sobre todo que esta última. El precio fue de unos 600€, con desayuno incluido, mientras que en Donostia no bajaba de los 900€ y casi siempre sin desayuno.

El hotel se llamaba Hotel Alcazar Irún y se encuentra ubicado a apenas 1 km de la frontera con Francia. Nosotros, que llegamos un día que era festivo en la ciudad, tuvimos que cruzar hacia el Lidl del país vecino para comprar algunos aperitivos.

El primer día fue de contacto. Estuvimos por Irún, en Francia para comprar algo y luego en la Playa de Hondarribia, que aunque no es Irún, suele ser una visita casi capital, ya que se trata de una zona histórica del País Vasco.

Hondarribia es un pueblo muy importante situado justo en la desembocadura del Bidasoa frente a Hendaya (Francia). Su historia, por lo que he podido corroborar, está marcada por su carácter fronterizo –como es el caso de Irún–, su muralla medieval, una de las más conservadas del norte de España, sus casas señoriales y trazado medieval, así como por la Batalla de 1638, cuando el pueblo resistió un largo asedio francés, evento muy recordado y celebrado.

El día uno lo cerramos realizando una pequeña visita a Hondarribia y cenando en uno de los miles de bares que este pequeño municipio ofrece. Dejo por aquí una fotografía de algunos de los pintxos que pedimos aquel día.

Senra, Hondarribia (Fuenterrabía).

Para el segundo día teníamos programado una visita a Bilbao, aunque antes nos zampamos unos pocos de croissants en el buffet del hotel. He de decir que por 10€ (mi hija de 2 años no tuvo que abonar nada) al día, mereció muchísimo la pena. Doble de café, un par de croissants, unas tostadas y algún que otro pintxo de tortilla para arrancar.

Tras ello, nos fuimos para Bilbao, con el objetivo de estar lo más temprano posible. Llegamos sobre las 11,30 horas a la capital de Vizcaya, aparcamos cerca de la ría, ya que siguiéndola íbamos a llegar hasta el casco antiguo, nuestro objetivo principal.

Sobre Bilbao se puede decir muchas cosas, pero desde el punto de vista histórico, fue una ciudad industrial (astilleros, siderurgia) durante los siglos XIX y XX y que vivió una transformación urbana en los años 90 del pasado siglo con la regeneración de la ría.

Paseamos por la zona del Museo de Guggenheim, símbolo del nuevo Bilbao. Es un icono mundial del arte contemporáneo y arquitectura de Frank Gehry. No obstante, a mí –porque mi mujer ya había estado – lo que más me gustó de la ciudad y ansiaba conocer era el Casco Viejo, también conocido como Las Siete Calles. Se trata de la parte histórica, llena de vida y de bares con pintxos.

Antes de llegar al Casco Viejo, nos paramos en el Parque del Arenal para que nuestra hija se entretuviera un poco. Creo que ese día hubo una manifestación en contra del gobierno de Maduro (Venezuela) justo en frente, en la Plaza Arriaga. Por lo que supe en ese momento, hay muchísimos venezolanos residiendo en Euskadi, concretamente en Vizcaya.

Tras el parón, seguimos nuestra ruta camino del casco antiguo. Una vez allí y tras hacer alguna que otra foto, hicimos la parada gastronómica de turno, concretamente en la Peña del Athletic situada en el Casco Viejo. Como era de esperar, otros pintxos más cayeron. Aquí una fotito para el recuerdo.

Después de hacer la parada para comer, anduvimos un poco sin rumbo fijo. Dejando que todo saliera natural, improvisado. Dimos unas pocas vueltas por el Casco Viejo de Bilbao, dando con la Plaza Nueva, la Plaza Miguel Unamuno y la Iglesia de San Nicolás de Bari, entre otros monumentos y/o zonas históricas del centro.

Tras un rato dando vueltas y haciendo alguna que otra fotillo, decidimos que el día lo teníamos que acabar en San Mamés, viendo por fuera el estadio del Athletic Club de Bilbao. Como ya hicimos en Londres, donde visitamos Stamford Bridge, estadio del Chelsea, no podía irme del País Vasco sin ver un estadio tan mítico como este. Aunque ya no tenga la mística del Viejo San Mamés, me pareció un gran estadio.

Aquí una foto para el recuerdo justo en los aledaños del estadio, con el lema Soñar por detrás.

El primer contacto con Bilbao nos encantó. Digo el primero, porque el último día volvimos y nos dio para ver otras zonas que no pudimos conocer en el primer día, como el Mercado de la Ribera, uno de los mercados cubiertos más grandes de Europa.

Tras hacernos unas pocas fotos por los alrededores del estadio, cogimos sobre las 17,00 horas y nos fuimos directos a donde habíamos aparcado el coche, ya que el viaje hacia Irún era de hora y 20, más o menos. Hicimos una pequeña parada en la Playa de Hondarribia, para pegarnos un bañito y remojarnos.

Luego, tras un día sin parar, nos duchamos y salimos por Irún. Dimos por casualidad con un bar muy cerca de donde estábamos hospedados, en la Plaza el Ensanche, a metros del hotel. Había unos pocos de bares por la zona, pero el que me llamó la atención fue concretamente el bar Real Unión. 

Pregunté si el bar tenía algo que ver con el equipo actual, el Real Unión de Irún, pero me dijeron que actualmente no pero en el pasado sí, ya que era como una pequeña sede del equipo. Este equipo fue uno de los diez equipos fundadores de la Liga Española y ha levantado cuatro copas, entre otros hitos.

Disputa sus partidos en el Stadium Gal, con capacidad para unos 6.000 espectadores aproximadamente y por el que pasamos en más de una ocasión, ya que se encuentra a apenas 500 metros de distancia de la frontera franco-vasca.

Volviendo al bar –no tengo fotos por desgracia– solo puedo decir cosas buenas. No es precisamente barato, si lo comparas con Andalucía, pero está claro que el norte todo está un poco más caro que en el sur. Todo está buenísimo, pero si algo tengo que destacar es su ensaladilla (de aquí al cielo. Si vas, no te vayas sin probarla por favor).

El tercer día comenzó como el anterior: en el buffet. Ese día íbamos un poco con menos prisa, ya que San Sebastián está relativamente cerca de Irún. En media hora estábamos ya por Donostia preparados para conocerla.

San Sebastián es muy diferente a Bilbao. Para mi gusto es más elegante y es que se trata de una ciudad aristocrática desde el siglo XIX, cuando la familia real española la convirtió en lugar de veraneo. Combina influencia francesa y vasca. Es famosa por su gastronomía, su bahía y su festival internacional de cine.

El día estaba muy gris, aunque hubo momentos donde el sol se dejó ver. Hubo hasta tormenta eléctrica, pero no nos impidió pasear y conocer sitios tan característicos como la Playa de la Concha, una de las bahías más bonitas del mundo.

Playa de la Concha, San Sebastián

Playa de la Concha, San Sebastián

El día fue mejorando hasta tal punto que salió el sol en más de una ocasión. Anduvimos muchísimo ese día, ya que nuestra hija se echó una pequeña siesta y nos permitió recorrernos toda la Playa de la Concha y más zonas de Donosti, como la parte de vieja, donde estuvimos antes de llegar a la playa.

Esta zona, al igual que Bilbao, se puede decir que es el epicentro de pintxos y ambiente. Hicimos una pequeña parada y comimos algún que otro pintxo, pero sin mucho que destacar (era más bien uno de los pocos baretos de San Sebastián baratos por la zona).

También conocimos el Ayuntamiento de San Sebastián, el Boulevard de Donostia y la Catedral del Buen Pastor, entre otros edificios y/o monumentos característicos.

Catedral del Buen Pastor
Catedral del Buen Pastor, San Sebastián

Tras recorrernos bastante de San Sebastián, llegó el momento de retornar a Irún. Como los días anteriores, había que acabar bien el día y por ello nos fuimos de nuevo a la Playa de Hondarribia para darnos un bañito y tras ello, una duchita y al bar de la ‘ensaladilla’.

El cuarto día lo dejamos para ver algunos pueblos del País Vasco Francés. Contábamos con tan solo un día, así que decidimos ver dos sitios muy característicos de la zona: Biarritz y Saint-Jean de Luz.

Primero estuvimos en Biarritz, un antiguo municipio ballenero convertido en destino de lujo durante el siglo XIX, especialmente gracias a la emperatriz Eugenia de Montijo, que hizo construir el Hotel du Palais. Desde entonces es uno de los centro balnearios y surferos del Atlántico.

Uno de los sitios que más nos gustó fue Rocher de la Vierge, símbolo de Biarritz con vistas al mar. Había muchísima gente haciéndose foto, aún así no tuvimos dificultad de tomar una buena captura para el recuerdo.

Antes nos habíamos hecho una foto también en el monumento que honra a todos los que murieron luchando por Francia en las dos guerra mundiales y que se denomina Aux morts pour la France. 

Muy cerca, también estaba el Museo del Mar, en su traducción más literal al español, pero es conocido como Le Musée de la Mer, un acuario marino con tiburones, rayas, peces de arrecifes de coral, laguna del Caribe y alimentación de focas.

Desde ahí pusimos la directa hacia la Place Sainte-Eugénie, donde nos topamos con la Église Sainte-Eugénie de Biarritz y en la que nos hicimos una fotillo, ya que nos gustó su arquitectura, tipo neogótico. Fue construida en su totalidad en 1927 y su dedicación se debe a Santa Eugenia de Roma, patrona de la Emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. 

Cerca de allí almorzamos. Nos fuimos directamente al Bar Basque y la verdad que nos gustó, aunque tiene una serie de pintxos diferentes a los que te puedes encontrar en las zonas del País Vasco español, estaban todos muy buenos y calidad-precio es más que notable.

Bar Basque
Bar Basque, Biarritz

Tras unos buenos pintxos, paseamos por la Grande Plage, antes de poner rumbo hacia el otro destino que teníamos programado en el día. Nos topamos con el antes mencionado Hotel du Palais. No pudimos entrar, pero por las fotos que he visto, es impresionante. No obstante, dejo aquí una foto que ya de por sí impresiona.

Hotel du Palais.
Hotel du Palais, Biarritz

Tras pasar un buen rato por Biarritz, pusimos rumbo hacia Saint-Jean de Luz para culminar el día de la mejor manera. He de decir que me gustaron las dos, pero vi en esta ciudad como más luz, todo más colorido.

Esta ciudad tiene un rico pasado pesquero y comercial. Es muy famosa por el matrimonio entre Luis XIV de Francia y María Teresa de España en 1660, que selló la paz entre ambos países. Mantiene un ambiente muy tradicional vasco-francés.

De la zona se pueden destacar muchos sitios. Nosotros, por ejemplo, paseamos por la playa principal, conocida como Grande PlagePersonalmente me gustó más que la playa de Biarritz, la vi más familiar y además está protegida por el oleaje, por lo que se disfruta de una estancia más agradable.

Playa de Saint-Jean de Luz
Grande Plage, Saint-Jean de Luz

También paseamos por el puerto pesquero, muy colorido y pintoresco. Nos gustó mucho, en el cual también nos hicimos alguna que otra foto. Anduvimos por la Rue Gambetta, calle principal llena de tiendas y pastelerías, así como por la Maison Louis XIV, casa del rey durante su estancia en la ciudad.

Casa de Luis XIV, Saint-Jean de Luz
Casa de Luis XIV, Saint-Jean de Luz

La estancia no la podíamos finalizar sin tomarnos un buen cafelito. En Biarritz pude probar el expreso y la verdad es que me gustó mucho, pero en esta ocasión optamos además por acompañar al café con dos pastelitos típicos franceses que estaban deliciosos.

El bar se encontraba en Pl. Louis XIV, al lado prácticamente de Maison Louis XIV y de nombre Eizmendi Tapas Sucrés. Dejo aquí una foto de lo disfrutado.

Tras hacer tal degustación y poder pasear por las coloridas calles de Saint-Jean de Luz, pusimos punto y final a nuestra visita en el País Vasco francés y volvimos hacia Irún.

Como los tres días anteriores, culminamos en Hondarribia, dándonos un baño, para luego finalizar en ‘nuestro bar’ en el bar de la ‘ensaladilla’ (nos encantó).

El quinto y último día pusimos rumbo de nuevo hacia Bilbao, ya que cogíamos el vuelo de vuelta a Sevilla sobre las 19,00 horas. Aprovechamos la vuelta a la capital de Vizcaya para ver zonas que nos habíamos dejado en el tintero y para hacer una nueva degustación de pintxos.

El sitio elegido en esta ocasión fue el Bar Charly, ganador del concurso de rabas del Casco Viejo en 2017 con una receta de 1973, el año de su fundación. La web cascoviejobilbao.eus escribió sobre este bar y destacó de su victoria que la receta ganadora, creada por la madre del propietario, utiliza ‘tubos de jibión’, de buenísima calidad, rebozadas con harina, gaseosa y «alguna cosita más».

El bar se encuentra situado en la Plaza Nueva de Bilbao, en el corazón del casco viejo bilbaíno. Fue construida en el siglo XIX, de estilo neoclásico y tiene una superficie de más de 3000 metros. Su inauguración data de 1851 y fue diseñada por tres arquitectos: Silvestre Pérez, Antonio Echevarría y Avelino Goikoetxea.

Tras esta última parada, pusimos rumbo hacia el aeropuerto para coger nuestro vuelo, destino Sevilla, poniendo punto y final a una experiencia única en un sitio único como es el País Vasco.

En resumen, este lugar me dejó la sensación de ser un territorio donde la tradición y la modernidad conviven con una naturalidad sorprendente. De Bilbao me gustó mucho su transformación urbana y su casco viejo, mientras que San Sebastián me pareció más elegante, con una bahía que invita a pasear sin prisas.

De la parte francesa percibí un aire más señorial, donde el ritmo es distinto pero la esencia vasca sigue presente entre playas, puertos y una arquitectura muy cuidada. Saint-Jean de Luz me pareció más colorida que Biarritz, pero ambas son paradas obligatorias.

Por último, de Irún me quedo con su tranquilidad, asumiendo ese papel de ciudad dormitorio o de engranaje entre ambos lugares, recordándote constantemente que aquí la frontera es más administrativa que cultural.

En conjunto, viajar por esta zona es sentir cómo el mar, la gastronomía y la identidad local te acompañan en cada parada. Ojalá tengamos el placer de volver pronto.